6,5/10
Robbie Williams nos agarró totalmente desprevenidos al anunciar la salida de su decimotercer álbum de estudio, Britpop (2026, Sony Music). Aunque al principio se esperaba para octubre del año pasado –y luego se postergó su lanzamiento para febrero de este año–, Robbie decidió dar la sorpresa y publicarlo en enero.
Cuando pienso en Robbie Williams no puedo omitir el hecho de que estamos hablando de un ícono del Reino Unido. Puede gustarte menos o más que otro artista, pero el hombre detrás de himnos mundiales como “Angels”, “Rock DJ” o “Let Me Entertain You” ha hecho siempre lo que ha querido. Ha demostrado lo que tenía que demostrar, y ha construido un legado que seguirá marcando el pop británico de los últimos años.
Britpop sostiene ese legado. El disco se presenta como una suerte de sátira y homenaje al estilo que movió las estructuras del sonido británico en los años 90. La sátira está en la portada: un retrato pictórico de Robbie vandalizado con pintura rosa por unos ‘activistas’ del colectivo ficticio Just Stop Pop. De esta manera, parece burlarse de su propia fama y de la solemnidad del arte que representa. Pero al darle play al álbum, el chiste se vuelve respeto. Aunque se ría de sí mismo ‘grafiteando’ su propia cara, su música sigue celebrando con orgullo ese ADN de la Cool Britannia.
El arranque con “Rocket” y la notable guitarra de Tony Iommi, uno de los colaboradores del disco, fue un acierto. De este corte surge la frase«What a time to be alive», que encapsula perfectamente la visión del álbum: recordar el pasado celebrando el presente. En esta misma vena, “Cocky” aporta un toque glam que es un aire fresco y puente ideal hacia el lado B. Sin embargo, el track más destacado es “All My Life”. Se trata de un tributo perfecto tanto al britpop como a sus representantes más distinguidos: es musicalmente sencilla y directa, pero con una performance que engancha desde el primer momento.
En cuanto a la exploración sonora, “Spies” va hacia adelante y nos propone el post-britpop; sus guitarras iniciales remiten inmediatamente a “Yellow” de Coldplay, con un coro que evoca baladas clásicas del propio Robbie como “Come Undone”. Las cosas se ponen más experimentales en “Bite Your Tongue”, una amalgama de rap y sintetizadores donde, por momentos, es difícil distinguir las influencias. Piensen en una fusión de The Strokes (sí, lo sé, Nueva York no está ni cerca de Inglaterra) con Oasis (más britpop, imposible). Así de peculiar es esta canción.
Por otro lado, “Pretty Face” va al grano con una melodía simple y un coro repetitivo pero efectivo, mientras que “Human” nos trae una balada electrónica, con el apoyo del dúo mexicano Jesse & Joy y la colaboración de Chris Martin, líder de Coldplay, en guitarra y teclados.
Para el tramo final, la historia y las colaboraciones se suman en “Morrissey”. Como bien menciona Robbie en su biopic Better Man (¡película que recomiendo totalmente si no la han visto!), Gary Barlow es un compositor capaz de llegar a la cima de las listas. Y en “Morrissey” se junta con Williams para contarnos la historia de un fan stalker del exvocalista de The Smiths. También está “You”, un tema simple de coro pegajoso, fácil de cantar. “It’s OK Until the Drugs Stop Working”, por otra parte, es un track que resuena al bubblegum pop británico.
El cierre llega con “Pocket Rocket”, una variación orquestal del tema de apertura. Sus diferencias en la letra le dan frescura y cierran el círculo con el mismo mensaje inicial: recordar el pasado (del disco que acaba de terminar), celebrando el presente (y lo que estará por venir).
¿Es Britpop un disco perfecto? No. ¿Es entretenido? Definitivamente. Es funcional para pasar un buen rato con canciones directas, que pueden resonar en tu cabeza si les das la oportunidad. No es su mejor obra, pero finalmente esto es lo que busca Robbie Williams: reírse de sí mismo, sin miedo de hacer lo que le da la gana (incluso a sus más de 50 años). No obstante, trata con respeto el arte que lo llevó a la cima. Solo por eso, como dije al principio, su legado está asegurado. ●

