Nacho Vegas sentado en una silla
(Eneko Caos)

Nacho Vegas: «Todavía hay artistas que siguen apostando por una obra conceptual, como Bad Bunny o Rosalía»

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Tras una década sin pisar suelo peruano, el cantautor asturiano Nacho Vegas regresa a Lima este 3 de mayo para presentar Vidas Semipreciosas (2026, Oso Polita), disco en el que la política se filtra desde una mirada íntima y reflexiva. Casi como una crónica emocional del mundo que lo rodea y de su propio interior.


Nacho Vegas (Gijón, 1974) es una rareza musical en estos tiempos: un autor que no negocia con sus propias convicciones. En una época que parece devorarlo todo con prisa y, sobre todo, olvido, su figura se alza como una suerte de resistencia silenciosa. Un recordatorio de que la coherencia aún es posible.

A lo largo de diez discos, no ha construido solo una discografía, sino una especie de archivo emocional donde el mundo exterior y el interior dialogan sin concesiones. Su obra no evade la complejidad: la abraza. Se detiene en la fragilidad de los vínculos, en la incomodidad de mirarse hacia dentro y en esa tensión constante entre lo que somos y lo que creemos ser. En ocasiones. 

En ese recorrido, la autocrítica y la disidencia política no aparecen como consignas, sino como gestos inevitables de quien observa y siente con intensidad. No busca respuestas definitivas, sino abrir grietas, donde lo emocional y lo político se entrelazan, es donde su música encuentra sentido y, quizá, también verdad.

En la sala de su casa –ese espacio que tantas veces ha funcionado como su laboratorio musical– Nacho Vegas realiza esta entrevista. Habla de Vidas semipreciosas, el disco que lo trae de vuelta a Lima tras una década, y desde ahí se abre a una conversación que cruza la política, la vida y esa reflexión constante sobre lo que a uno le toca atravesar.


Llevas 25 años de carrera. ¿Qué te sigue impulsando a publicar nuevos discos en una época en la que casi todo parece volverse descartable?

NV: Se dice mucho que la gente que escucha música no aprecia el álbum como antes, que todo va muy rápido. Otros dicen que se escuchan solo canciones y que no se escucha un disco. Que no hay tiempo. En parte es cierto, pero creo que es más discursivo que real, o sea, que responde más a un discurso que a una realidad. Aquí en España, por ejemplo, la gente ha empezado a hablar de consumir música en lugar de escuchar música. Suena un tanto retorcido.

¿Te parece tan retorcido?

NV: Si la música fuera solo una mercancía, probablemente no. Pero el lenguaje nunca es inocente: siempre arrastra matices, tensiones, formas de ver el mundo. También es verdad que la vida cambia con el tiempo y, en ese movimiento, la música necesita ser permeable a lo que ocurre a su alrededor. Para mí, las canciones funcionan como una mirada que cuestiona ese entorno, que se deja afectar por los estímulos con los que se encuentra. No son objetos cerrados, sino formas de diálogo con lo que pasa. Aun así, hay artistas que siguen apostando por una obra conceptual, como Bad Bunny o Rosalía. Al final, también interviene el público: es quien decide cómo se recibe, se interpreta y se sostiene ese tipo de propuesta.

Entonces, ¿sientes que la relación del público con la música ha cambiado hacia algo más pasivo?

NV: Pienso que la música sigue ocupando un lugar central en la vida. Existen muchas formas de escucharla: puede acompañarte de manera ligera mientras cocinas, paseas al perro o caminas por la calle. Pero también hay una escucha más pausada, más atenta, en la que aparece la emoción. Cuando algo realmente te toca, te detienes a escucharlo de verdad. Esa forma de relación con la música no ha desaparecido; la sigo percibiendo, también en las generaciones más jóvenes. Por eso, no conviene dejarnos arrastrar por ciertos discursos que reducen todo a lógicas de consumo, muchas veces bastante perniciosas.

Vidas Semipreciosas es un disco abiertamente político. ¿En qué momento de tu vida calza, o qué emociones persigue?

NV: Uno no decide exactamente qué es lo que funciona; al menos, a mí no me ocurre así. Hay una chispa inicial, pero luego las canciones se van construyendo poco a poco. Cuando me enfrento a un repertorio nuevo, todo es bastante caótico al principio, aunque con el tiempo empieza a ordenarse, sobre todo cuando aparecen conexiones entre las piezas y entiendes que pertenecen a un mismo lugar y a un momento concreto. Este disco, por ejemplo, está muy atravesado por el tiempo que vivimos. Son momentos oscuros, difíciles en lo social y lo político, y eso inevitablemente impacta también en lo emocional.

Ante eso, siento que hay que intentar arrojar algo de luz, plantar cierta resistencia frente a la normalización de realidades profundamente injustas, como los conflictos armados o la violencia legitimada. En ese sentido, las canciones pueden ser un gesto emocional que no soluciona las cosas, pero que sí permite habitarlas, cuestionarlas y, de algún modo, enfrentarlas. Para mí había una urgencia, una necesidad, algo que me provocaba escribir estas canciones y tiene que ver con sentimientos tan complejos por los que vivimos.  

¿Por qué tuvieron que pasar más de 10 años para volver a verte por Lima?

NV: A veces, armar giras es complejo. La primera ocasión que fuimos fue en formato trío, pero siempre quedó la necesidad de presentar el formato completo, como ahora sucederá. Sucedieron varias cosas en el camino, una pandemia en medio, pero siempre quise volver. Pero bueno, esperemos que esta visita para que luego sea más regular.

Antes de concluir, ¿qué has estado escuchando últimamente?

NV: A un colombiano llamado Edson Velandia. Acaba de publicar unas canciones muy interesantes, donde mezcla trova, electrónica y folclore; me apareció como recomendación y fue un gran hallazgo. También viene resonando Rodrigo Cuevas, cuya música está profundamente arraigada en el folclore asturiano, pero atravesada por una mirada contemporánea y de vanguardia. Su último disco es notable, con un mensaje muy sólido en torno a lo LGBTI. ●


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Carlos Marroquín

Carlos Marroquín

Comunicador y periodista, egresado de la UPC. Durante los últimos 10 años, he escrito para los principales diarios del Perú como El Comercio, Perú21, Publimetro, Trome, Gestión, Depor y para las revistas Asia Sur, Regatas, DedoMedio.

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