Patito Pena bautizó ALATRISTE (2026) con un juego de palabras: según explica, todas las canciones de su álbum debut están «a-la-triste». Ese ánimo atraviesa letras que tratan de rupturas, la soledad, el amor como experiencia trascendental y el desencanto frente a ciertos aspectos de la sociedad.
En “desanimado” el drum ’n’ bass convive con el bombo legüero y la guitarra acústica. Con la colaboración de Izzy, “roto corazón” prueba el funk brasileño y el dembow, y “reino dorado” une la música india con estructuras del folclor argentino.
En “me falta alguien” la ausencia amorosa se cruza con la magia y la poesía, a partir en parte de una reflexión del ilusionista argentino René Lavand. En “cuando acabe el mundo”, en cambio, la mirada va al presente digital con una sátira de la cultura influencer y la viralidad.
El artista chileno comparte la producción con Tomás Serrano, que además suma pianos y teclados. El ingeniero argentino Ezequiel Kronenberg se encargó de la mezcla y la masterización, con créditos junto a artistas como Miranda!, Paco Amoroso y Duki.
Guille Salort, baterista de la banda Conociendo Rusia, grabó las baterías. Francisco Ruiz tocó los bajos y Claudio Rojas aportó guitarras y charangos en dos canciones. La dirección de arte es de Jabitotal, con retratos al óleo y fotografías análogas.
El álbum incluye como cuarto tema una versión de “El Embrujo”, del cantante Américo, que remite a la etapa en que Patito Pena empezó a ganar público con sus versiones de canciones populares. ●

