El 4 de noviembre de 1991, My Bloody Valentine publicó en Reino Unido Loveless, un álbum que tardó más de dos años en grabarse y que llegó envuelto en una leyenda: la de un disco muy caro que casi hunde a Creation Records, su sello. Queda la pregunta de si fue un capricho sin control o un plan que nadie supo acompañar.
Alcanzó el puesto 24 de la lista británica de álbumes y, con los años, la crítica lo convirtió en una obra fundacional del shoegaze. Lo que sigue es la historia de cómo se hizo, contada sobre todo por quien lo hizo: Kevin Shields, guitarrista, cantante y productor de la banda.
Un EP que se volvió dos años
Las sesiones empezaron en febrero de 1989 en Blackwing, un estudio del barrio londinense de Southwark. La idea inicial era grabar un EP en pocos días: el grupo había grabado la mitad de Isn’t Anything (1988), su primer álbum, en 11 días, según recordó Shields en una entrevista de 2018 con Sound on Sound. De esas semanas solo quedó una canción.
Lo que siguió fue un peregrinaje: en septiembre de 1989, el trabajo pasó a Elephant Studios, en Wapping, y luego a una larga lista de salas de Londres, con más de una docena de ingenieros y asistentes. Uno conectó de inmediato con Shields: Alan Moulder, el ingeniero que mezcló “Soon”, la canción del EP Glider (1990) que terminaría cerrando el álbum. «Sí, nos entendía», resumió Shields.
La cuenta final alimentó el mito. En la prensa británica circuló que el disco había costado cerca de 250 000 libras, una cifra que Shields rebajó a unas 140 000 en 2017, en una entrevista con Rolling Stone. «Muchas otras bandas del sello gastaron mucho, y todas las bandas de las grandes discográficas gastaban el doble», dijo entonces.
Una batería hecha de muestras
Durante las sesiones en Elephant, el baterista Colm Ó Cíosóig sufrió una crisis nerviosa mientras enfrentaba el desalojo de la casa ocupada en la que vivía. «Todo se le vino abajo», contó Shields a Sound on Sound. «Prácticamente no podía usar las piernas», añadió sobre su compañero.
La solución fue programar las baterías: la banda grabó muestras de bombos, cajas y platillos, y Shields y Ó Cíosóig armaron las partes en una computadora Atari ST. «Era muy parecido a lo que él habría tocado», aseguró Shields. Dentro de esos mismos dos meses, Ó Cíosóig se recuperó y la banda grabó baterías en vivo en algunas canciones nuevas, entre ellas “Only Shallow”, la que abre Loveless.
La guitarra que se dobla
El sonido que hizo famoso al álbum sale de un gesto simple: Shields toca sin soltar la palanca de trémolo, que dobla las notas hacia abajo mientras rasguea. La técnica terminó bautizada como glide guitar. «La palanca está encintada para que no entre del todo», explicó a Sound on Sound. «Está súper suelta. Así que solo mi empuje hacia abajo la hace funcionar».
Entre sus influencias de esa época, Shields nombró en 2017 a Sonic Youth, Dinosaur Jr y, «sobre todo para mí», a Public Enemy. «Escuchaba música muy buena hecha por grupos de hip hop que sampleaban cosas. Y muchas veces estaba un poco desafinada», agregó en Sound on Sound.
De esa idea salió también una biblioteca de sonidos: la banda grababa capas de retroalimentación de guitarra y las convertía en muestras para tocarlas con un teclado, combinadas con sonidos de flauta y con muestras de voz. Según la revista, esos teclados forman parte de la mezcla de todo el álbum, junto a las guitarras de Shields.

Voces detrás de una cortina
Bilinda Butcher, cantante y guitarrista del grupo, grabó sus voces junto a Shields en Britannia Row, al norte de Londres, dentro de una cabina tapada con cortinas para que nadie los viera. Además, le pidieron a la ingeniera Anjali Dutt que bajara el volumen de la sala de control para no escucharlos.
Shields confirmó que esa historia, que Sound on Sound presenta como una de las leyendas más extrañas sobre la grabación, es cierta. «Anjali Dutt nos grababa sin escucharlo. Solo vigilaba mirando los medidores», contó. Las tomas tampoco se combinaban: según Shields, cantaban la canción completa una y otra vez, hasta cansarse.

El precio de terminarlo
Tanta repetición alimentó la idea de una grabación sin rumbo, pero Shields la rechazó en 2017. «Mucha gente piensa que Loveless fue un largo periodo de experimentar, perder el tiempo, irse en la dirección equivocada y volver a empezar», dijo a Rolling Stone. «No fue así. Estuvo muy enfocado desde el principio. Lo que teníamos era una red de apoyo pésima en ese momento».
Creation, sin embargo, no siguió con el grupo. Tras el lanzamiento, Alan McGee, fundador del sello, dejó ir a la banda, que en 1992 firmó con Island Records. En 2014, McGee le restó dramatismo a lo difícil que fue trabajar con Shields, en una entrevista con The Irish Post: «Se ha exagerado demasiado eso. Estoy muy orgulloso de haber publicado Loveless».

Lo que vino después
El grupo no logró terminar un sucesor y se desintegró hacia 1997. Anunció su regreso en noviembre de 2007, volvió a los escenarios en 2008 y recién en 2013 publicó m b v, su tercer álbum, más de dos décadas después de Loveless.
Shields tampoco dejó de trabajar sobre el disco. Preparó una nueva masterización para la reedición en CD de 2012 y luego otra para una edición en vinilo completamente analógica que, según contó en 2017, casi lo lleva a la bancarrota. «Cuando empezamos, me estaba prestando dinero a mí mismo cuando debería haber estado pagando impuestos», admitió. My Bloody Valentine regresó a los conciertos en noviembre de 2025, tras siete años sin conciertos. ●


